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Lunes :: 23 / 11 / 2009
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REPORTAJE
Asociación Nacional de Instituciones Financieras
Dice la Anif, sin sonrojarse, que el Gobierno debería impulsar más los estudios de postgrado de maestrías en detrimento de los de doctorado, con el argumento de que aquellos son económicamente mas útiles para el país, ya que un buen numero de Ph. D. no regresan al país una vez culminan sus estudios de especialización.
Jueves, 3 de enero de 2008
Aunque el artículo menciona en particular a la economía y el derecho, se refiere al capital humano en general y cobija así a todo el sector productivo del país.
El corolario del ensayo, bastante discutible por cierto, se reduce a que no necesitamos invertir más en doctorados, porque los que producimos se van (esto me recuerda el cuento del amante y el sofá). ¿No debería ser todo lo contrario? ¿No deberíamos producir suficientes doctorados para suplir nuestra demanda interna y para exportar el 'excedente'?
Al parecer, Anif también cree que hay sobreoferta de Ph. D. en el país (así solo se gradúen alrededor de 50 colombianos por año). Se le olvida que Colombia es un país subdesarrollado (por lo tanto, es difícil creer que no hagan falta más técnicos y científicos) y que en realidad, en términos de ciencia y tecnología, como país, somos prácticamente inexistentes.
Debería recordar que en el mundo globalizado de hoy el desarrollo de nueva tecnología y conocimiento es indispensable para el progreso económico y social, tanto así que ya se ve una lucha en los países ricos y emergentes por atraer talento humano (Ph. D., especialmente), como lo demuestra la nueva tarjeta azul de la Unión Europea, el programa de inmigración para trabajadores altamente calificados de Canadá, Australia e Inglaterra, el continuo pedido de la industria en Estados Unidos de aumentar el número de visas de trabajo para científicos e ingenieros con doctorado y los programas de repatriación de cerebros fugados que en India y China empiezan ya a dar buenos resultados. Varios estudios han demostrado que el PIB de un país está muy relacionado con el número de graduados/doctorados que se tenga en ciencias físicas, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés).
El razonamiento circular de la Anif quizás refleja la realidad académica colombiana: tenemos universidades con más de 350 años de historia que no han producido el valor agregado en ciencias y tecnologías que de ellas se debería esperar.
En los países desarrollados, el requisito mínimo para poder enseñar en una universidad es un doctorado; en Colombia, todavía encuentra uno mucho 'profesor' titulado sólo con un pregrado. Si eso ocurre en las universidades, no debe sorprendernos entonces que nuestros estudiantes de secundaria estén cerca de los últimos puestos en ciencia y matemáticas, como se reveló en los resultados de las reciente evaluaciones hechas entre estudiantes de economías ricas, emergentes y pobres.
Estamos en una economía global; la competencia es global y el talento también tiene un alcance global. Por eso, ve uno a profesionales colombianos trabajando en Malasia, Arabia Saudita y Curazao, además de la respectiva cuota en países desarrollados. Bien haría la Anif en no perder tiempo haciendo estas absurdas recomendaciones y más bien ayudar a crear un ambiente económico lo suficientemente competitivo para atraer más doctorados y aprovechar el inmensísimo valor agregado, no solo en innovación técnica y científica, que ellos potencialmente aportan, sino también en la formación de nuevos STEM en Colombia.
De otro modo seguiremos condenados a vivir de las materias primas y de los productos con más bien poco valor agregado que hoy dominan la economía nacional.
* John Londoño, diario El Tiempo
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